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Iñaki Gabilondo: “Hay que ser valiente, partirse la cara y sacar la vida adelante”

junio 16th, 2017  |  Published in home, home, la entrevista

laturca enREDados - Iñaki Gabilondo

La Turca + EnREDados. 

Desde los años del franquismo, hasta la sociedad y los jóvenes de nuestro tiempo, Gabilondo nos acompaña en un viaje enriquecedor que nos revela cómo han cambiado el periodismo y la sociedad española en todos estos años.

Usted empezó a trabajar de periodista en los años ’60. ¿Cómo era el trabajo del periodista durante la dictadura franquista?

La dictadura es algo que parece que los chicos jóvenes no capten exactamente lo que quiere decir. Era una situación política en la que no había partidos políticos y no había libertades. En una dictadura no podías ver las películas que querías, no podías leer los libros que queríais, no podías ser lo que eres, no podías ser homosexual, no podías vivir con quien querías, no podías tener una creencia religiosa distinta de la que existía.  No hubierais resistido una semana.Una vez entendido este marco de situación, podéis imaginar que era el periodismo en esta época. Todo se hacía bajo el imperio de la censura. Cuando empecé en los años ’60, cuando entré en la cadena SER, no se podía dar información porque toda la información la daba solo Radio Nacional de España, a las 14h30 y a las 22h. A estas horas, todas las radios conectaban con Radio Nacional y se daba un único programa de información. En el resto del día, las radios solo daban programas musicales, deportes, espectáculos, pero no podían dar información política.

Las radios que podían dar información local, tenían que pasar por la censura. Debían llamar por teléfono a censura y recibir el visto bueno para dar cualquier tipo de información. La prensa, antes de poner en el kiosco el periódico, tenía que llevarlo a un sitio donde se revisaba. Os podéis imaginar si esta situación merece ser llamada periodismo. No lo merece, como tampoco merece ser llamada sociedad libre. Los medios eran una ficción del medio de comunicación. Yo viví bajo esto régimen hasta los 33 años. Ahora que decís que el mundo es muy difícil, tenéis razón; pero no os creáis que es la primera vez que el mundo ha sido muy complicado.

¿Nos puede contar algún suceso acerca de su trabajo que recuerda especialmente de aquellos tiempos?

Importantes, muchos. Cuando Franco murió yo era director de Radio Sevilla. Cuando se produjo el 23F yo era el director informativo de la única tele que había. Creo que estos dos sucesos ya son suficientes para entender la intensidad de mi trabajo.

¿Cómo han cambiado el periodismo y la libertad de expresión en todos estos años?

Básicamente diré que ha cambiado más España. Ha cambiado pasar de una dictadura a una democracia. Sobre este marco de cambio absoluto, el periodismo ha cambiado –como todo en la sociedad- cuando de pronto se abrieron las ventanas y la gente empezó a ser como quería ser, decir lo que quería decir, hablar con quien quería hablar, salir con quien quería salir, y acostarse con quien le daba la gana. Entonces, en esta nueva realidad, el periodismo empezó a vivir su gran cambio, empezó a vivir fuera de la prisión, al aire libre. Y empezó a homologarse al periodismo de los demás países. España vivía en un continente donde los demás países alrededor tenían más democracia que nosotros, y cuando nuestro país pudo iniciar un nuevo tiempo, nuestro periodismo se empezó a parecer al periodismo europeo. El periodismo, por tanto, es uno de los capítulos de la sociedad española, uno de los grandes cambios.

En la transición desde la dictadura hasta la democracia, cuando todavía no había partidos, cuando todavía no empezaba a funcionar el parlamento, el primer brote de libertad lo cogió la prensa que empezó a moverse en libertad, como si ya hubiera libertad, aunque todavía no la había. De hoy a cuarenta años, el periodismo ha cambiado de una manera extraordinaria, pero el último cambio es el más fulminante. La aparición de internet y de las nuevas tecnologías ha sido absolutamente un terremoto en el mundo de la comunicación. Antes se producía un periódico, un producto que nueve horas después llegaba a su destinatario. Ahora tienes una información instantánea, en tiempo real. Este último cambio ha sido tremendo y es todo tan rápido que las que ahora llamamos nuevas tecnologías ya no son nuevas. Dentro de diez años, todo lo que ahora consideramos nuevo va a dar mucha risa. Hay gente que cree que el viaje del pasado al presente ya ha terminado, pero el viaje continúa a una gran velocidad. Ya está quedando anticuado lo presente, no solo lo pasado.

¿Cree usted que en este momento en España existe una información periodística imparcial y plural?

Lo de plural es muy divertido. A mí me recuerda cuando la Dirección General de Tráfico dice que va a haber mucho tráfico y que los ciudadanos deben hacer una salida escalonada. ¿Cómo hago yo una salida escalonada? ¿Cómo me escalono? Un medio de comunicación tiene que ser libre. Lo que debe tener la sociedad es la suficiente libertad para que se vea la pluralidad de información. Pero yo no puedo decir que voy a ser plural, como si fuera un hombre monstruo que tuviera todas las caras y los pensamientos universales que le permitieran definirse como plural. Un periodista tiene que se libre, limpio, noble en el trabajo que desarrolla y luego la sociedad democrática tiene que defender esta libertad, de manera que mi punto de vista y el tuyo que es diferente tengan la posibilidad de circular con derecho al alcance de cualquiera. Pero no se puede pretender que el periodista sea un ser que no tiene pensamientos, ni ideas, ni memorias, ni recuerdos, ni experiencias y por tanto no tenga su punto de vista. No es un ser angelical; es un ser humano. Pretender que cada uno posea todas las cosas a la vez o que no sea ninguna es una pretensión estúpida. En España claro está –todo el mundo puede verlo- hay una gran libertad de circulación de todas las ideas. Lo que no hay en este momento -y es el mayor enemigo de la libertad de expresión- es una situación económica suficientemente estable en las empresas como para que la gente pueda hacer uso de esta libertad con suficiente libertad. De esto se están derivando cosas malas para el periodismo, porque no hay suficiente dinero, y eso conlleva tener menos corresponsales, menos enviados especiales, que se pague mal, que se cobren salarios de miseria y hay contratos basura, muchísimo paro, etc. Estas circunstancias son grandes enemigas de la libertad de expresión, porque la gente en estas situaciones vive muy asustada, y esto limita su libertad. En este momento, la pega mayor que tiene un periodista es poder sobrevivir con dignidad en un oficio que es muy interesante, pero que está pasando un momento muy difícil. Los grandes directivos de las empresas son también personas que quisieran hacer muchísimas más cosas y no las pueden hacer por motivos económicos. Están limitando sus plantillas y hay mucha energía que está dedicada a la supervivencia económica y que debería estar teóricamente dedicada a la creación. Yo tengo la vida hecha, dinero ahorrado, he tenido éxito y nadie me va a decir nada. A estas alturas de la vida tengo una maniobrabilidad que no la tiene un periodista joven o un periódico pequeño que están sometidos a presiones muy directas, que vienen de los apuros financieros.

Hablando de política, usted -el mayo pasado- predijo lo que pasaría en el escenario político español. ¿Cree que los líderes de los partidos de izquierda hubieran podido adoptar una línea política distinta para evitar que el Partido Popular siguiera gobernando?

Sí, hubieran podido, pero yo estaba seguro de que no lo iban a hacer. No he tenido mucho mérito en adivinarlo, ha sido una deducción bastante lógica. Hubiera podido pasar otra cosa pero, por la lógica de los acontecimientos, estaba claro que se iba a llegar a esta situación. ¿Por qué sabía que no se iban a unir el PSOE y Podemos? Porque, como resulta que hubo un momento en que Pedro Sánchez era candidato y Podemos no le dio su apoyo, estaba claro que este partido quería ganar a los socialistas en vez de pactar con ellos. Como los socialistas estaban todo el rato diciendo que los de Podemos eran unos piratas y unos sinvergüenzas, yo lo veía muy claro. A mí me da la impresión de que ni el socialismo va a encontrar una unanimidad dentro de su partido para llegar a un acuerdo con Podemos, ni Podemos va a llegar a una unanimidad para llegar a un acuerdo con ellos. El PSOE está partido y Podemos tiene grandes discrepancias entre sus miembros. Estaba claro que Errejón e Iglesias estaban divergiendo y estaba claro que no se podía llegar a este tipo de acuerdo.

¿Cómo ve usted la candidatura de Patxi López a la secretaría del PSOE?

Yo creo que –más pronto o más tarde- Patxi López y Susana Díaz llegarán a algún tipo de acuerdo. Cuando se lo comenté a Patxi me dijo que no tenía ni que hablarlo. Le dije que ya sabía que ellos no quieren y no dije que estaban engañándome y apañando un acuerdo, sino que iban a terminar llegando a un acuerdo. Como en el año 1974 dije que el socialismo vasco y al andaluz –que estaban viviendo una etapa complicada- llegaron a un acuerdo entre las dos partes. Yo estoy convencido de que llegarán a un acuerdo. En el proceso que estamos viviendo Patxi está muy bien, pero en el grupo de Susana ya se está organizando la franja de combate.

Usted ha conocido y entrevistado a todos los presidentes del gobierno. ¿Cuál es el político que ha conocido que le ha dado una mayor confianza y que le ha dejado con una mejor sensación después de haberle encontrado?

Todos los presidentes vistos de cerca y en su drama inspiran mucho respeto. Es muy difícil ser presidente del gobierno. Yo tengo un recuerdo especialmente bueno de Suárez. Era un hombre muy interesante, tenía mucha ilusión, pero este hombre procedía del franquismo. Era el último ministro del movimiento de Franco, pero era un hombre que entendió lo que tenía que hacer y se puso a hacerlo aunque no estuviera en su pensamiento. Era un hombre muy valiente e intrépido. Todos los demás presidentes han tenido muchos elementos de mucho mérito. Yo tuve una relación muy regular con Felipe González cuando era presidente de gobierno. En el año 1995 le hice una entrevista feroz en la tele -cuando el GAL- que tuvo ocho millones de espectadores. Esto sí que fue un momento tenso entre nosotros. Luego tuve con él otra etapa de muy buena relación. Con Aznar tuve una buena primera etapa de relación y luego una fatal última etapa de relación porque él decidió enfadarse mucho con nosotros y decidió no concedernos nunca más una entrevista. Y con Zapatero tuve una buena relación también, correcta. En general, respeto mucho a los presidentes del gobierno, me siento muy solidarizado con sus dificultades. Es extraordinariamente dramática su soledad y muy difícil lo que hacen. Todos han hecho lo que han podido, como es evidente.

¿Cuál ha sido la entrevista más complicada que ha tenido y por qué?

La más difícil ha sido a Felipe González. Estaba España ardiendo porque el GAL -movimiento antiterrorista- había estado provocando determinados tipos de asesinatos y se le acusaba al estado de patrocinar a los GAL. La situación era caótica. En aquella situación yo le entrevisté a Felipe González cuando sus enemigos decían que había sido él el responsable de esta situación como presidente del gobierno. El día que tuve que entrevistar a Felipe, la situación estaba al rojo vivo. De hecho, aquella entrevista tuvo ocho millones de espectadores, para que veáis cómo debía estar la atmósfera para que una entrevista política concentrara un interés tan grande. Y para que veáis cómo estaba el país entorno al tema GAL. La entrevista empezó a las 21h30 en directo y el telediario que fue de 21h a 21h30 anterior a la entrevista, tuvo veinte minutos dedicados a los GAL. Así que hacer esta entrevista, estar a un metro del presidente y preguntarle si había organizado él el GAL, si le había autorizado, se considera que fue una entrevista muy dura y no podía no serlo en tal circunstancia. Al día siguiente El País intituló “La hora más amarga del presidente del gobierno”. Él y yo sabíamos que allí no había escape. Yo no podía dejar de preguntar, ni él podía escaparse de aquellas preguntas.

EnREDados Iñaki Gabilondo 1

Además de los políticos, usted ha entrevistado a muchísimas personalidades nacionales e internacionales ¿Tiene una entrevista pendiente, que todavía no ha conseguido hacer y que desearía poder llevar a cabo en el futuro?

Yo me quedé con la pena de entrevistarle a ETA y al rey Juan Carlos I.

Quería entrevistar a alguien de ETA. Lo intentamos en muchas ocasiones pero no pude. Solo lo consiguió Pedro J. Ramírez que hizo una entrevista a base de mandar preguntas y recibir las respuestas. Hubo un debate sobre si se debe o no se debe hacer una entrevista de este tipo. Pero, ¿cómo no se debe hacer?, ¿cómo puede ser una entrevista para mal? Lo intenté más veces y durante muchos años. Luego me hubiera gustado entrevistar al rey en los cinco primeros años de la corona. Fui de los periodistas que íbamos con él a todos los sitios, sobre todo en los primeros viajes. España estaba cambiando todas sus estrategias políticas con los demás países y no se paraba de viajar. Estuve muchísimo con él, también en los años cuando se empezó a notarse cómo se iba estropeando la propiedad de imagen de Juan Carlos. A mi me hubiera gustado hacer una entrevista de verdad con él, pero no hubo manera. Él no quería con nadie. Yo me quedé con esta pena. La pedí unas ochenta veces.

¿Cuál es su relación y su opinión acerca de los jóvenes y de la sociedad de nuestro tiempo?

En estos últimos años estoy teniendo una suerte grande que me está rejuveneciendo mucho: estoy viajando por el mundo entero viendo cómo se están moviendo la nueva tecnología, la física, la robótica. Me voy mucho a dar charlas a los jóvenes y veo que están preocupados y asustados, con motivos. Pero tienen la necesidad de entender que no pueden pasar la factura a la generación anterior. Esta es la primera generación que le pasa la factura a los demás. El mundo está mal. “Vaya mundo que nos habéis dejado”. Pero a mí me dejaron un mundo mucho peor. Había acabado una guerra y estábamos en una dictadura. Ahora hay una sociedad joven que está preocupada y pide explicaciones a la generación mayor por la situación actual. La política hace lo mismo. El tiempo que la gente joven pierde en lamentarse de lo que está pasando es el tiempo que debería utilizar para dedicarse a resolver lo que está pasando. ¿No os gusta esto? ¡Cambiadlo!  Nosotros durante los años de la dictadura, en vez de criticar a nuestros padres por lo que nos habían dejado, nos pusimos a pelear para cambiar las cosas. Quiero decir que debería trasmitirse a la gente joven un mensaje más estimulante: el mundo es muy grande y está lleno de posibilidades. Hay que ampliar mentalmente mucho el cerebro. El mundo no es España. Tener trabajo no es tener trabajo en tu ciudad al lado de tu papá o al lado de la casa de tu novia. El mundo es muy grande y está lleno de sitios donde se puede ir, está lleno de cosas que hacer, lleno de aventuras que emprender. Hay que ser valiente, luchar, partirse la cara y sacar la vida delante. Y lo vais a conseguir, lo hemos conseguido todos. Pero se debe entender que hay que afrontar con más convicción el futuro. La juventud actual, por un lado está más debilitada por el futuro, y por otro más protegida en el presente, porque viven más protegidos por los padres, más tutelados por sus familias. Tienen un hogar donde quedarse hasta los cuarenta años y, por un lado, “qué faena que no me pueda ir de casa”, por otro “qué bien que haya una casa en la que quedarme”. Todo esto está dificultando el cambio. En fin, lo que creo es que es muy importante prepararse muy bien. Hace poco estuve en Harvard con un montón de gente joven que estaban estudiando como leones, sacándose una carrera, y haciendo un máster o aprendiendo cuatro idiomas y yendo por el quinto. Hay que ponerse las pilas, sin perder un minuto para llorar. Yo creo que esta generación tiene mucho a su favor. Cuando mis hijos se quejan por algo, yo digo “perdonadme, pero si alguien va a dar pena en esta casa soy yo que me levanto a las cuatro de la mañana y he estado veinticinco años levantándome a esta hora”. A mí me ha ido muy bien, pero no me lo han regalado. He tenido que trabajar como un león. Que no se olvide que –salvo algunas personas que han tenido un golpe de fortuna- la gente se labra su propia vida a mordiscos.

¿Cree usted que todo esto es la consecuencia de una actitud ultra-protectora por parte de los padres, que habiéndolo pasado mal en sus tiempos, ahora están demasiado preocupados por sus hijos?

Puede ser. Los psiquiatras y los psicólogos se han pasado toda la vida hablando de esto. ¿Por qué esta generación de padres se ha puesto tan protectora? Probablemente por este motivo, pero a mí me parece un error absoluto. Es como cuando vemos en el cine americano que como el papá no ha podido acompañar al niño al partido de hockey, el niño ha tenido un trauma tremendo y se ha convertido en un loser para toda la vida. El influjo de toda esta corriente absurda también ha influido mucho en este cambio. Bueno, los padres hacen lo que pueden, pero la vida no tiene ensayo, el ensayo es la función y la función es el ensayo. Nosotros no podemos predecir el futuro y debemos tener claro que lo que vemos ahora no es definitivo, no está cerrado. Solo es un capítulo que será sustituido por el siguiente, y quiero decir mi frase favorida: el futuro no está escrito. El futuro lo escribe la gente con lo que hace, con lo que no hace y con lo que permite que se haga. La vida cambia y va abriendo nuevas posibilidades. Hay que vivir con esperanza y con el convencimiento de que se están viviendo etapas de un proceso en  que los jóvenes son los personajes protagonistas de sus vidas.

Ángel Gabilondo, su hermano, fue Ministro de Educación de 2009 a 2011. ¿Qué opina sobre el actual sistema educativo español?

Creo que esto no funciona. En España no hemos conseguido todavía encontrar un modelo de educación adecuado. Nunca ha habido pacto entre los partidos. Mi hermano Ángel intentó un pacto y estuvo bastante cerca de lograrlo, pero al final no se pudo firmar este pacto. Si no hay un mínimo acuerdo, las cosas no progresan. Os voy a contar una anécdota: cuando estuve en la universidad de Columbia entrevistando a un profesor que está haciendo un estudio que se llama “El mapa del cerebro humano” y que está patrocinado por la Casa Blanca, le pregunté si ahora que va a marcharse Obama y llega otro presidente de otro partido, qué iba a pasar con el proyecto. Él no entendió y tuve que hacerle dos veces la pregunta. Finalmente me dijo que este acuerdo estaba suscrito por todos los partidos para dieciséis años. Me entraron ganas de llorar por la emoción. Cuando la política puede cambiar y no tocar los elementos estratégicos es maravilloso. En España la falta de un acuerdo mínimo no ha permitido el desarrollo en temas que son de largo recorrido, porque los procesos educativos necesitan tiempo.

¿Qué  consejo daría a un aspirante periodista?

El consejo que daría es sobre cómo tenéis que vivir el proceso de ser periodista. Un chico o una chica comienza a ser mayor cuando comienza a estudiar algo de lo que no tiene que responder en un examen. El primer día que te encuentres estudiando una cosa que tú quieres saber aunque no tengas un examen sobre este tema, este día te estás haciendo mayor. El primer día que uno decide dar un paso en el pilotaje de su propia formación, empiezas a incorporar los elementos que tú quieres incorporar porque tú sabes que los tienes que incorporar. Ya no estoy pensando en aprobar, estoy empezando en tomar decisiones en referencia a mi propia formación. Una vez que hemos tomado la decisión de empezar a pilotar nuestra vida, si queremos ser periodistas debemos empezar a entender que debemos ir acumulando elementos de juicio y tener criterio propio sobre las cosas. Por acumular experiencia se entiende acumularlas de todo tipo: viajar, viajar en la lectura y empezar a vivir en tu propia ciudad como una persona que debe tener su mirada propia sobre las cosas. Este consejo se puede convertir en una aventura vital única, si es vivido junto a otras personas. Además, ayuda a comentar las cosas y a manejar adecuadamente las herramientas. Por ejemplo, es fundamental saber hablar correctamente. Hoy en día, si un amigo te sorprende hablando correctamente, se burla de ti. Pero esto no vale para quien quiere ser periodista, porque tiene que aprender a manejar la herramienta y conocer la lengua de una manera superior. Debemos avanzar en el aprendizaje del idioma, utilizar las palabras adecuadas para expresarse. Si no tienes capacidad de expresión, no puedes hacer este oficio. En muchos sitios, ahora te piden inglés, pero no te piden el castellano. Hay unos periodistas que dicen tales barbaridades que creo que no han tenido que pedirle el castellano. Es muy triste ver a jóvenes periodistas que tienen mucha capacidad y preparación, pero que no saben expresarse y que tienen una pobreza idiomática extraordinaria. Lo más importante es tratar de aprender y tener una creciente capacidad de tener criterio sobre las cosas. Por último, quiero decir que lo más importante para un periodista debe ser la gente, saber cómo vive la gente, interesarse por saber cómo se mueve la gente  y cómo es la gente.

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