Adiós, Wert, adiós

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de CARLOS RAMOS DE FRANCISCO.

El pasado 25 de junio de 2015, el hasta entonces ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, anunció firmemente su salida del Gobierno. Tras varios meses de rumores y alusiones claras de que su cargo al frente del ministerio estaba tocando a su fin, Moncloa confirmó el adiós del ahora ex ministro.

La despedida de este licenciado en Derecho de 65 años ha provocado el llanto de miles de estudiantes españoles, pero no precisamente de pena, sino de alegría. Desde poco después de su proclamación como ministro de Educación al frente del actual Gobierno Popular, presidido por Mariano Rajoy, el 22 de diciembre de 2011, Wert ha despertado el odio del colectivo estudiantil y de los defensores del séptimo arte ante unas actuaciones que algunos han llegado a calificar de franquistas.

La ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE)- popularmente conocida Ley Wert- fue el caldo de cultivo de un rechazo que se ha ido prolongando y creciendo con el paso de los años, no solo en el calle sino también por parte de otros partidos políticos, como el PSOE. En ella, el ex ministro proponía las reválidas, unas pruebas externas ya conocidas que los escolares tendrán que pasar en cada etapa educativa. En el caso de los estudiantes de ESO y Bachillerato, el apto en esta prueba sería requisito indispensable para poder obtener el título. Una medida que desató la polémica, la cual se transformó prácticamente en ira cuando se conoció la segunda disposición de la ley: la implantación de Religión como asignatura evaluable y tenida en cuenta a la hora de solicitar una beca.

Y es que en el tema becas, Wert tampoco consiguió muchos aplausos, más bien al contrario. El 6,5 sobre 10 necesario en el expediente para solicitar la ayuda económica, el recorte a las becas ERASMUS y la gran reducción monetaria y la tardanza en la tramitación de las subvenciones estudiantiles hizo que Wert se pusiera totalmente en contra al colectivo universitario. 2012 en adelante se han convertido en los años de la lucha por la enseñanza pública. Los eslóganes “Educación Pública para Todos” impresos en las camisetas verdes de la marea estudiantil se dejaban ver en cada una de las manifestaciones y huelgas generales-22 de mayo de 2012 y 24 de octubre de 2013- en pro de una educación pública y de calidad. Los miles de estudiantes que aquellos días cortaban las calles de las principales ciudades de nuestro país demandaban la abolición de esta séptima ley educativa, a la vez que coreaban: “WERT DIMISIÓN”.

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No es casual que, según los barómetros del CIS, el ex ministro del PP logrará la calificación más baja de toda la historia de la democracia en las encuestas, con un 1,46 sobre 10. Tampoco es coincidencia que varios estudiantes, en la entrega del Premio Nacional Fin de Carrera, le negaran el saludo.

Sus actuaciones también se cebaron con el sector musical y cinematográfico, que a día de hoy todavía no lo han perdonado la potencial subida del IVA cultural del 8 al 21%.

Wert se había ganado el desprecio de todos los colectivos a los que estaba representando y supuestamente quería beneficiar con sus actuaciones. Para muchos, la cultura y educación españolas estaban siendo lapidadas y el responsable tenía nombres y apellidos: José Ignacio Wert.

La salida del ex ministro tras las numerosas cagadas, y perdón por la palabra, parecía evidente. Que Wert continuará encabezando el ministerio en la posible próxima legislatura del Partido Popular era estúpido por su parte. Así, durante varios meses se rumoreaba su salida y el mismo ya lo había anunciado en sucesivas ocasiones, lógico por otra parte. Así, el pasado 24 de junio, las voces de miles de estudiantes chillando “dimite, dimite, dimite” parece que se colaron en el cerebro de Wert y ceso en sus cargos. Pero no se fue, por supuesto, sin dejar la marca. En abril anunció una nueva reforma educativa, en la que se preveía sustituir la actual selectividad – perdón, PAEG- por un test de 350 preguntas sobre las distintas materias cursadas en segundo de Bachillerato.

Tras la marcha de Wert, Rajoy ha anunciado que el eurodiputado Iñigo Méndez de Vigo será quien coja el relevo en el ministerio, el cual ha afirmado, tal y como recoge el diario el País, que “no es ningún marrón asumir esta responsabilidad”. El tiempo dirá si la actuación de Méndez de Vigo será mejor o peor, pero lo que sí está claro es que el listón que ha dejado el anterior ministro no está demasiado alto.